Totalmente en offside

poggi

El periodista Daniel Poder describió el tono del discurso como “moderado, casi pedagógico”. Es una contorsión notable para no decir lo evidente: que fue un discurso sin alma, sin contenido y sin una sola medida concreta para el presente. Que las caras de los funcionarios en la Legislatura lo decían todo. Que Diego Masci, mano derecha del gobernador, tuvo que hacer una fuerza descomunal para no dormirse mientras hablaba su jefe. Si los más cercanos no pueden sostener la atención, qué queda para el resto. La pregunta que esa imagen instala no es protocolar: ¿Alguien se imagina a un ministro de Alberto cabeceando en la platea? Ni en sus peores momentos. Porque Alberto, con todos sus defectos, sabía ocupar el espacio. Poggi, en cambio, parece alquilarlo: está, pero no llega a habitarlo del todo.

El discurso tuvo decenas de programas educativos enumerados. Fueron dos horas esquivando el único tema que los docentes querían escuchar: el aumento salarial.

La represión como marketing

Mientras Poggi hablaba adentro, afuera la policía reprimía a sindicalistas que reclamaban mejoras salariales. No es un detalle menor ni una casualidad. Es una política.

La falta de ideas en el gobierno lleva a sobreactuar recetas que quedan en offside en una provincia tranquila como San Luis. Poggi parece creer que reprimir le da rédito en términos de imagen, que muestra firmeza, que ordena. La falta de ideas lo lleva a traspolar recetas de Bullrich y Milei porque es lo que le recomiendan sus consultores. Es otro error de diagnóstico: San Luis no es Capital Federal ni el conurbano bonaerense. Y la sobreactuación no conecta, incomoda. 

El offside como estado permanente

Este año Poggi parece no vivir en la provincia. No conecta con los problemas reales de una población que necesita que la economía se active. Los contenedores de basura del centro de San Luis no dan respiro: a toda hora, todos los días, alguien revuelve, se lleva lo poco que encuentra; al rato pasa otro, y después otro. Así, en cadena, durante todo el día. Mientras tanto, el gobernador da un discurso sin alma para funcionarios sin ganas. La desconexión parece ser una enfermedad endémica de los gobernantes de esta provincia, sin distinción de signo político.

La reforma: el único contenido real, y sus trampas

Lo que más sustento tiene del discurso (por decirlo de una manera demasiado generosa) es la reforma constitucional. Limitar el mandato del gobernador a dos períodos parece razonable en la superficie. El propio Poggi lo comparó con el sistema presidencial de Estados Unidos. El problema es que esa referencia llega cuando ese sistema empieza a ser más un mito que una realidad: guerras persistentes, un liderazgo extremo que pierde cada día más fuerza y tensiones internas que ponen en duda su propia capacidad de ordenarse.

Pero la trampa no está en el límite al gobernador. Está en leer esa propuesta junto con otra: eliminar las elecciones legislativas de medio término. Esas elecciones son el único mecanismo que tiene la ciudadanía para corregir el rumbo entre una elección de gobernador y la siguiente. Sacarlas significa que si Poggi gana en 2027, la provincia no tiene ninguna instancia de revisión hasta 2031. Cuatro años sin señal de alerta posible.

La ecuación que hace Poggi es más simple de lo que parece: cree que va a ganar la reelección y no quiere elecciones de medio término que le compliquen el camino. Listo, así de básico. 

Federalismo de cartón

Y para cerrar el cuadro, las capitales alternas. La propuesta no solo es vieja: es una copia directa de una iniciativa de Alberto Fernández. Sí, de Alberto Fernández, una inspiración, cuanto menos, incómoda. La idea, en concreto, consiste en trasladar de manera rotativa la sede del gobierno a distintas ciudades del interior para realizar reuniones de gabinete y anuncios oficiales. La misma fue criticada (incluso por el propio espacio que integraba Poggi) por ser puro marketing territorial, costoso y sin impacto real. Recuperarla hoy, como si fuera novedad, roza lo insólito. Si genuinamente querés descentralizar el poder y hacer crecer el interior, el camino sería activar la economía, aumentar los sueldos, no ahogar financieramente a los municipios no alineados. Las capitales alternas son federalismo de foto. El interior necesita federalismo de fondo.

El ¿futuro?

Poggi cerró hablando del futuro. Es el refugio favorito de quien no tiene respuestas para el presente. Y el presente en San Luis tiene cara: es el que busca en el contenedor de basura a las ocho de la mañana, es el docente y el trabajador de la salud que no llega a fin de mes, y es el funcionario que no llega despierto al final del discurso. San Luis no necesita marketing, necesita gestión. Sin liderazgo y sin rumbo económico, el futuro es sólo otra forma de no hacerse cargo del presente.

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